EL QUIERO FRENTE AL PUEDO: IMPORTANCIA Y EQUIVOCADA DISCRIMINACIÓN DE LA PSICOLOGÍA DEPORTIVA


Autor: Fabio Zamarreño

Agradezco a Swim4live la invitación que me ha hecho para escribir sobre un tema que hace tiempo que quiero tratar, por la incomprensión que me suscita. A lo largo de mi carrera en el deporte he podido comprobar dos cosas que, aunque todo el mundo parece saber, nadie lleva a la práctica. En primer lugar, he sido testigo de la importancia que tiene la mente en el desarrollo de cualquier actividad intelectual o física, ya sea a la hora de enfrentarse a una prueba, competición, examen, entrenamiento, entrevista o situación similar. Resulta curioso que, en el caso del deporte, dicha actividad, en mi opinión mal denominada física, se relacione solo con el cuerpo, cuando uno de los factores fundamentales de cara al éxito se encuentra en la «cabeza» y su necesario entrenamiento.

Ya en la vida cotidiana, encontrar un estado de relativa paz consigo mismo permite actuar de manera equilibrada, en situaciones a las que todos nos enfrentamos de manera habitual: perder el metro, llegar tarde al trabajo, discutir con un jefe (profesor, entrenador, pareja, amigo, padre, madre o hermano), entre otras por todos conocidas. Pero es cuando nos enfrentamos a una situación límite, estresante, difícil, cuando se pone de verdadero manifiesto la necesidad de un fuerte autocontrol, y de saber dirigir el pensamiento hacia un camino positivo, que nos ayude a construir, y no a derribar lo construido, como suele pasar sin que nos demos cuenta.


Sin duda, para un joven de quince (o doce, ¡o treinta!) años, enfrentarse una competición que ha preparado durante meses se encuentra dentro de este tipo de situaciones, que en muchos casos llevan al límite nuestra resistencia emocional, más si cabe en deportes tan exigentes como la natación. Los motivos para que esto ocurra, siempre diversos, pueden variar: desde el esfuerzo físico y mental que requiere un campeonato, hasta el miedo al fracaso (¡o al éxito!), pasando por la presión que imponen meses preparación para dicha prueba; o, simplemente, por los lógicos nervios que suscita el realizar cualquier actividad ante centenares de personas.

Una vez mencionada esta obviedad, me sorprenden una vez tras otra los constantes vilipendios que sufre la psicología, en este caso la especialidad deportiva. Sin duda debería ocupar el papel protagonista a la hora de intentar ayudarnos a superar los baches que todo deporte de alto nivel va poniendo en el camino, pero esto, al menos en nuestro país, no sucede. Creo, sin mucho miedo a equivocarme, que la desafección por la psicología deportiva, que comprobado está que tanto ayuda a los jóvenes –y no tan jóvenes–, proviene de una serie de prejuicios nacidos de la ignorancia general ante lo que es un psicólogo.Constantemente escucho  que  todos  vamos a un fisioterapeuta, dermatólogo, cardiólogo o podólogo cuando lo necesitamos. Pero, he aquí mi sorpresa, me cuesta mucho escuchar a alguien decir que va a un psiquiatra o un psicólogo, como si esto, en pleno siglo XXI, aún supusiese algo vergonzante. No ocurre lo mismo en países como Estados Unidos, en los cuales está muy asumido que una terapia psicológica es tan necesaria y saludable como una de fisioterapia. Quizá yo, por el hecho de que me he criado (deportivamente hablando) en un lugar que apostó acertadamente por la psicología deportiva –a cargo de Sandra Tabasco–, no puedo entender esta repulsa social que existe ante algo que nace con el único objetivo de ayudar. Mientras que cuando tenemos lesiones musculares u óseas, dolores de estómago o heridas, recurrimos rápidamente al especialista de turno para curarnos, no hacemos lo mismo cuando nos enfrentamos a problemas de ansiedad o de descontrol nervioso, por no mencionar otros más graves como depresiones en diferentes grados o desequilibrios emocionales.

Pero no solo es este el problema, sino que nos enfrentamos a otro aún mayor: no entendemos que la terapia psicológica no solo es necesaria cuando tenemos una patología, tan lícita como las físicas. La psicología, al igual que las pesas, los abdominales, la flexibilidad, la carrera o las archifamosas «series de 400», debe formar parte del entrenamiento que todo deportista tendrá que llevar a cabo para obtener su máximo rendimiento. Día a día compruebo, aterrorizado, cómo cada vez los clubes comienzan a hacer dobles sesiones con niños más jóvenes, de diez, once o doce años. Esos deportistas seguramente    abandonarán   el 


deporte sin haber dirigido su mente por el camino correcto, lo que los condenará a no perseguir sus sueños de una manera pacífica y limpia. Aunque en el deporte los números sirven poco, me atrevería a asegurar que más del 50% de las posibilidades de éxito de un nadador dependen de cómo se enfrenta psicológicamente al deporte, tanto diariamente como en una competición. Decenas de nadadores con unas cualidades físicas inmejorables jamás llegaron a la cima por la debilidad de sus cabezas. Pero de esto, señoras y señores, parece que solo nos damos cuenta unos pocos.

La situación de los psicólogos deportivos debería mejorar rápidamente si queremos que todo esto siga avanzando. Pero ojo, no solo son los deportistas los que deberían seguir ciertos patrones. Me provoca fuertes carcajadas escuchar a padres o entrenadores decir que eso de la psicología son mamarrachadas, y que lo importante es entrenar duro. Claro que sí, hay que entrenar muy duro, mucho más de lo que la mayoría de los padres podrían siquiera imaginar –y, por supuesto, aguantar–. Por eso mismo, se necesita gente que ayude a soportar la presión y la dureza extrema que en ocasiones supone el deporte de alto nivel. Mientras esto no se entienda, cientos y cientos de deportistas con unas virtudes inmejorables se seguirán quedando por el camino, pues llega un momento en el que se necesita la ayuda de un profesional, del mismo modo que se requiere la de un profesor o un médico. Y por supuesto, entrenadores y familiares también deberían comprender que será el psicólogo el que tenga que aconsejar ante ciertas situaciones, y que este tiene que dejar de ocupar el zaherido papel secundario que hasta el momento ha desempeñado. 


Pero, todo esto, solo si tenemos ganas de que algo empiece a funcionar.

 

 Fabio Zamarreño


  Swim4live©


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Comentarios: 1
  • #1

    marian (miércoles, 18 marzo 2015 22:43)

    Bravo Fabio, como siempre en el clavo. Esto hay que decirlo maaas alto y más veces.