Sexo, Drogas y Rock and Roll


Autor: Fabio Zamarreño Méndez

Entre fascinados y horrorizados, quizá escandalizados o, peor aún, falsamente sorprendidos, nos mostramos hace unos días al leer el siguiente encabezado de un conocido periódico deportivo: «El exnadador Amaury Leveaux confiesa en una autobiografía que verá la luz el próximo 28 de abril que la cocaína y el descontrol eran habituales entre los nadadores franceses».


Si seguimos leyendo (cómo no vamos a seguir haciéndolo: ¡una noticia sobre sexo y drogas!), toparemos con que el señor Leveaux, junto con diversos compañeros que componían la élite de la natación gala, se dedicaron a realizar un revival de la Movida madrileña durante el transcurso de múltiples campeonatos y concentraciones.

En primer lugar, y como un lector medianamente atento habrá notado, he escrito falsamente sorprendidos. ¿Quién no ha asistido en España a una fiesta de «final de campeonato», ya sea en su edición navideña, primaveral o veraniega? Me parece que roza el cinismo el que alguien se muestre sorprendido ante ciertas actitudes solo cuando ocurren en el país vecino. Cuanto más tiempo pasa –meses que sin duda limpian la mirada– desde que abandoné el microclima en el que se encuentra sumergido todo nadador, más me asombro de lo grotesco de algunos escenarios que muchos, de manera cómplice, hemos compartido.


Por ese motivo alabo y admiro el decidido paso de Amaury Leveaux para denunciar una realidad que sin duda es vox pópuli, pero que todos censuramos con nocturnidad y alevosía. Sobre ciertos temas, sorprendentemente, ha recaído el pacto no escrito de no hablar sobre ellos, lo que no consigue que desaparezcan o su gravedad disminuya. Aunque, hablando de gravedad, sí me gustaría llevar la contraria o desmontar brevemente el espectáculo circense sobre el que el nadador francés planea edificar su biografía. Si bien el tema de las drogas, o más escandaloso aún, el del dopaje (que más adelante trataré), me parecen de una alarmante importancia, mezclar eso con otros más propios de una novela rosa supone, en mi humilde opinión, un error garrafal. Me refiero, claro está, a esos detalles tan explícitos como morbosos acerca de cómo ingerir cocaína desparramada sobre los senos de una periodista. Si obviamos lo penoso que resulta que en 2015, tras el pelotazo de la pornografía en todos sus ámbitos, sigamos pendientes de cómo y con quién se acuesta cada cual, pienso que esa parte del texto no debería generar el menor interés; y menos, si cabe, para el mundo de la natación.

Pero si dejamos esto a un lado y no permitimos que empañe lo que realmente nos atañe, hallaremos un tema tan preocupante como vergonzoso. Según leemos en dicho periódico:

     
       El exnadador, de 29 años, reconoce que no todos se comportaban de esa manera ya que «para algunos era algo puntual, mientras que para otros era algo más habitual» e insinúa que la cocaína era utilizada, a veces, como «sustancia dopante por la euforia que provocaba».


Ignorando la pésima redacción del periodista, que no podía dejar de comentar aquí, colegimos que Leveaux trata un asunto de vital importancia para la pretendida salud del deporte internacional. De nuevo, volvemos sobre algo manido y, más o menos, conocido por todos. Aunque obviamente no puedo dar nombres, en primer lugar porque no los tengo, y en segundo porque, aun teniéndolos, nunca realizaría acusaciones sin un objetivo concreto, considero que todos podemos recurrir a ciertas imágenes mentales cuando se habla de dopaje. Este, de nuevo, es un tema sobre el que ha recaído el manto del silencio políticamente correcto, pero que ocupa horas y horas de conversación en los reducidos círculos deportivos, siempre en voz bajita. Las sustancias dopantes son una realidad innegable, tanto en el deporte profesional como, incomprensiblemente, en el amateur. Si bien cada uno es libre de decidir hasta dónde jugar con la legalidad y su salud, el problema es menos irresoluble de lo que quieren pintarlo en un ámbito profesional. Me exaspera en gran medida, como deportista y como amante de la natación, que siempre en los méritos de nuestros representantes se halle la sombra de la duda. Si esto sucede es porque no existe –y si no existe es porque alguien se empeña en que así ocurra– un control exhaustivo que acabe definitivamente con el dopaje. Como nadador puedo asegurar que, durante mis trece años compitiendo, de los cuales he participado en unos treinta campeonatos de España, nunca he pasado un control antidopaje. Y como yo, decenas de compañeros míos, en la mayoría de los casos mucho mejores que yo. Y parece ser que también podrían asegurar lo mismo nadadores franceses que iban encocados a las finales donde más tarde arrasaban.


La noticia de Leveaux es triste y dramática para la natación y para el deporte en general. Pero es una realidad: existe el dopaje y no se está luchando por combatirlo. No desaparecerá ni negándolo ni ignorándolo, y podemos elegir entre combatirlo o quedarnos siempre con el regusto amargo de no saber si una victoria es lícita. Y eso, por no hablar del último gran tema del artículo, para el que ya no me quedan fuerzas y trataré en otro momento: «Pero no solo de drogas habla Amaury Leveaux, que tiene para todos. También para los dirigentes de la Federación a los que considera “unos dinosaurios que quieren aprovecharse del sistema para ir a buenos restaurante y beber grandes vinos”».

 

¿Esto tampoco le suena a nadie?


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Comentarios: 2
  • #1

    Joaquin (sábado, 09 mayo 2015 03:33)

    Gran artículo del cual estoy de acuerdo. Enhorabuena

  • #2

    Bernardo (sábado, 10 octubre 2015 21:13)

    No lo habia leido hasta ahora, gran artículo de una gran persona. Enhorabuena Fabio.