"Quita de ahí, maricón"


Autor: Fabio Zamarreño Méndez

Antes de comenzar a escribir lo que supongo que serán las palabras más difíciles de mi vida, me gustaría agradecer el enorme apoyo que me han regalado Natacción (Juan) por un lado y Swim4live (especialmente Fran, pero también al resto del equipo Isi, Aitor y José) por otro. No solo por que me den la oportunidad de publicar mi artículo más emotivo y solidario a nivel personal, sino también por su ánimo infinito y su delicadeza ante este espinoso tema. Y bueno, a los de siempre, que ya sabéis quiénes sois. Sin vosotros nunca hubiera llegado hasta aquí, en condiciones de hacer lo que me gustaría llamar cómicamente mi “inmolación por la causa”.

Por vuestra parte, en cuanto a los que os estáis acercando a estas líneas, me gustaría realizar un “aviso para navegantes”. Estos textos son extremadamente personales, y aquí y ahora estoy dispuesto a contar anécdotas de mi más estricta intimidad. Pero os aseguro que, si llegáis al final, no os dejarán indiferentes. Es más, si os cansáis, id al final y leedlo, porque merecerá la pena. Y sería la persona más feliz del mundo si cuando despeguéis la mirada del ordenador vierais vuestro pequeño mundo, y a todos los que lo componen, de un modo un poquito diferente.


INTRODUCCIÓN Y MOTIVOS DEL AUTOR PARA ROMPER EL SILENCIO :

“¿Y por qué lo hace?” Pensaréis. “Vaya manera de complicarse la vida”. Y tenéis razón. Pero, aunque me tiemble el pulso, os diré que lo hago porque creo que las cosas pueden ser de otra manera; es más, estoy plenamente convencido de ello. Lo hago porque considero inaceptable que, en 2015, aún no se hayan tocado en este país los temas de la homosexualidad y la homofobia en el deporte (concretamente en la natación, pero también en el waterpolo, los saltos, o muchísimos otros), de una manera seria y profunda, y más allá de los insultos al grito de maricón dirigidos a Guti en los campos de fútbol. Sí, casualmente en los campos de fútbol, donde no solemos encontrar ningún becerro.

 

Lo hago, asimismo, porque creo que nadie se merece ni una lágrima más en un ámbito que debería destacar por su solidaridad, su compañerismo y su alegría. Lo hago porque sé que hay decenas de chicos y chicas, por desgracia muy jóvenes, que en este momento sufren en sus clubes una discriminación sobre la que todos estamos volcando un velo de silencio vergonzante. Y también lo hago porque no termino de entender que, si bien en otros ámbitos como el universitario o el social se está avanzando velozmente en la aceptación homosexual, no ocurre lo mismo en el deporte, algo que me deploro en el alma.

Pero, si os soy del todo sincero, la razón fundamental por la que derramaré estas palabras es porque pienso que ojalá alguien lo hubiese hecho antes que yo. Como dijo Herman Melville en alguna ocasión, “preferiría no escribir”. Me gustaría no tener que estar redactando estas líneas –mientras tiemblo de pies a cabeza– porque otra persona ya hubiera tenido la valentía de hacerlo cuando yo era un chavalito adolescente. Sí, amigos. Mi historia, la que no pude aprender ni en los libros ni en las películas para hombres y mujeres, y la de tantos otros como yo, hubiera sido completamente distinta si con quince años hubiéramos tenido un mínimo referente. Alguien que nos hubiera enseñado que se puede ser enormemente feliz siendo homosexual, y que nadie es mejor que nadie, y mucho menos por lo que siente.

IAN THORPE UNO DE LOS PRIMEROS ABANDERADOS DE LA HOMOSEXUALIDAD :

Pero empecemos por el principio. Hace escasos meses sonaba el bombazo del año en nuestro mundo: “Ian Thorpe, el Dios de la natación, sale del armario” (expresión deleznable y espantosa, que reproduzco literalmente). Sí, bueno, lo que algunos un poco avispados ya suponíamos. Hasta ahí, todo en orden. Pero el problema llega cuando (¡oh sorpresa!) Ian Thorpe concede una entrevista, larguísima y muy emotiva, en la que cuenta que ha sufrido diversas depresiones y que estuvo a punto de a suicidarse en varias ocasiones. La entrevista, que se puede encontrar en Youtube, es realmente perturbadora, por lo desgarrado de su expresión y por esos ojos, tristes ojos, que acarician las lágrimas durante los setenta minutos de grabación.  Pues bien, en ese momento, cuando se le pregunta a Ian Thorpe sobre los motivos que lo han llevado a revelar públicamente su homosexualidad, este contesta lo siguiente: I don’t want young people to feel the same what I did (“No quiero que la gente joven sienta lo mismo que yo sentí”). Sinceramente, me quedé anonadado: ¿puede ser esa la verdadera razón por la que el rey de las piscinas quiera pasar un trago semejante? ¡Peor que beber cicuta! ¿¡Y para ayudar a los demás!? Parecía, sin duda, un suceso de otro mundo.

 

Pero tengo la respuesta, meses después, y es rotunda: Ian Thorpe decía la verdad. Porque después de haber vivido una presión semejante, tras la que ya no puedes volver al pasado para arreglar lo que sucedió, lo único que te queda es intentar ayudar a que nadie tenga que atravesar por las mismas brasas que tú. No le pido a nadie que lo entienda, sólo que lo respete. Porque quizá ese sentimiento es el mismo que me acompaña ahora; aunque el radio de acción sea ínfimo comparado con el de mi gran ídolo, no puedo dar la espalda a la responsabilidad de ayudar a los que vienen detrás. Si después de todo, una sola persona siente que la he ayudado, será más que suficiente, y yo podré dormir tranquilo.



TESTIMONIO DEL HORROR SUFRIDO POR UN NADADOR EN ESPAÑA :

Precisamente hoy me ha escrito un nadador. Obviamente no diré su nombre ni procedencia, pero sí lo que me ha contado, porque es aterrador. Yo no lo conocía, pero deduzco que me ha agregado porque se olía que yo era homosexual, algo que, aunque pueda parecer extraño, no es tan fácil de encontrar, por el escamoteo que con asiduidad se realiza con este tema. En esto me gustaría detenerme un momento: por si a alguien se le había ocurrido la estúpida idea, os diré que existen la misma cantidad de homosexuales (bisexuales, transexuales…) en todos los lugares del mundo, aproximadamente una de cada diez personas. No es que en África haya un 0,001% y en Madrid centro un 30% por la contaminación del aire. No, señores. Si en la natación existe un silencio abrumador respecto a este tema, por el que podría parecer que no hay prácticamente gays, lesbianas o bisexuales, es por el hecho de que nadie se atreve a hablar de ello con libertad cuando está dentro, (más bien, encadenado). Hasta el momento, han existido las opciones de: o bien abandonar el deporte de competición, o bien exiliarse a otro país para empezar de cero, algo que hicieron algunos de mis predecesores y que enterraba nuestro ánimo en el subsuelo. Pero poco más. Uno de mis grandes objetivos con este artículo es romper el hielo y que comience aquí una dinámica en la que se trate este tema con cada vez mayor naturalidad.

Pero volvamos al chico que me ha agregado esta mañana, y que, quizá, quería simplemente hablar, porque no ha podido hacerlo –durante sus ya muchos años de vida–  con alguien que compartiera piscina. Eso a mí, cuanto menos, me resulta triste. Tras el intercambio de algunas palabras (“Hola”, “Hola”, “qué tal”), me ha comentado que tanto su entrenador –un cerdo del que yo ya había oído hablar en otras ocasiones– como algunos de sus compañeros, se metían en ocasiones con él, mediante ese abanico de frases ingeniosas que recuerdan al sonido de un rebuzno. Y que fue duro, muy duro; porque se nos suele olvidar que es más importante ser feliz que llegar el primero a la pared.

AÚN NOS QUEDA MUCHO CAMINO POR RECORRER :

Yo, debido a que asumí mi homosexualidad tarde y en circunstancias más favorables, no me he visto nunca envuelto en situaciones semejantes durante mi andadura vital. Pero, como comprenderéis, me revuelve el estómago el oír sucesos como esos, que para nada creo que sean hechos aislados. Muchos se empeñan en decir que España es un país libre, muy abierto –que lo es– y que la homofobia es algo del pasado. Bueno, simple y llanamente le diría a esa gente que, si no se tiene ni la más remota idea (por no decir, que me apetece, ni puta idea) de lo que se está hablando, la mejor opción es siempre el silencio, para así no airear demasiadas tonterías gratuitas y parecer un destripaterrones. En un ámbito como el deportivo, donde priman valores que siempre se han asociado con la hombría, la fuerza, la motivación, la valentía… esa estúpida, ignorante y absurda asociación que se hace de que los gays carecen de dichas aptitudes los convierte en blancos aún más susceptibles de ser agredidos, en todo ese rango de agresiones que van desde la simple broma a una paliza en los vestuarios. Que le pregunten a Ian Thorpe (que por cierto arrasó a todos los heterosexuales que competían con él, no tan fuertes ni valientes) si no existe esa homofobia que le hizo acariciar la idea del quitarse la vida. Me gustaría aclarar que he hablado ahora de gays y no de lesbianas o bisexuales porque desconozco dichas situaciones, pese a que yo haya vivido etapas de plena bisexualidad. Ojalá alguien se animase a hacerlo dentro de poco tiempo, puesto que creo que la visibilización es lo único que podría cambiarlo todo. De hecho, creo que las lesbianas sufren la doble discriminación de ser mujeres en un mundo patriarcal y homosexuales en un mundo heteronormativo. Por su parte, los bisexuales reciben la discriminación del mundo heterosexual pero también la del plenamente homosexual, en el colmo de los colmos del absurdo. Cosas que pasan.



Pero pese a los esfuerzos del australiano, en España sigue imperando el silencio cómplice. Veo a menudo equipos femeninos con un elevado porcentaje de sus componentes lesbianas, pero nadie lo comenta, a no ser que sea para destacar “lo marimachos que son”. Sí, es asqueroso, pero no soy yo el que lo dice. Creo que va siendo hora de que alguien plasme por escrito esta realidad que todos a diario vivimos y asumimos (convirtiéndonos también en verdugos), pues quizá de ese modo entendamos lo patético de estos comentarios, que muchos ríen como borregos de granja. Y lo mismo en waterpolo masculino: hace casi un año me sorprendí y alegré mucho al ver a una serie de excompañeros míos subidos nada menos que a una carroza del orgullo gay. Y me alegré, porque, efectivamente, es tan escaso el espacio que tenemos y la gente con quien realmente podemos hablar o identificarnos, que se nos obliga a mendigar amistades para poder contar, como hace cualquier joven de nuestra edad, con quién nos acostamos o quién nos atrae. Pero es que la homosexualidad, señoras y señores, no es solo eso. Para ilustrarlo, me gustaría traer aquí un fragmento de periódico que leí hace unos pocos días, y que creo que muestra muy bien la situación. Sobre todo a los padres que estén leyendo esto, les ayudará un poco a saber reconducir una situación que en escasas ocasiones logran entender, por lo complicada que se torna en ciertos casos. Es un fragmento periodístico escrito por una joven lesbiana, que narra sus impresiones tras la noticia de que cuatro jóvenes gays han recibido una paliza en pleno centro de Madrid, además del intento francés de prohibir a los homosexuales donar sangre:

La prensa, incluso hasta el ABC, se escandaliza también con que haya «personas intolerantes» que reaccionan con violencia ante un beso entre dos hombres. Ajá, qué increíble, qué sorprendente que en pleno siglo XXI pasen estas cosas. Parece mentira.

Pues a mí, en cambio, estos episodios me revuelven, me entristecen, me indignan, pero no me sorprenden. No me parecen mentira, sé que son verdad. Sé que la homofobia y la lesbofobia no son sucesos puntuales cometidos por individuos inadaptados, no. La vivimos todo el rato. La vivimos cuando vamos de la mano con nuestra pareja por la calle y sentimos miradas y sentimos miedo de cruzarnos con alguien que decida insultarnos o golpearnos. La vivimos en cada comida familiar, en la que ya no nos preguntan si salimos con alguien porque no quieren escuchar la respuesta. La vivimos cada vez que alguien, incluso de nuestro grupo de amistades, dice cosas como “yo no soy homófoba, pero tampoco entiendo por qué algunos tienen que llevar un letrero luminoso”. Como si ella, acompañada de su marido y su bebé, no llevase un letrero luminoso, ese que le permite expresar su amor en cualquier lugar sin miedo a que la insulten o la golpeen.

A los gays y a las lesbianas, a los maricas y a las bolleras, nos duele cuando un homófobo insulta o golpea. Pero también nos duele que personas “tolerantes” nos digan cosas como la que me pasó recientemente: “Pues chica, yo es que no entiendo a quién le tiene que importar con quién te acuestas”, como si la cosa se redujera a eso. Como si ser lesbiana fuera un vicio privado, como si fuera solo cuestión de preferencias sexuales, comparable a que te gusten los juguetes eróticos o los azotes. No es con quién me acuesto. Es quién soy (entre otras cosas). Es con quién (o quienes) decido compartir mi vida. Es cómo la lesbofobia afecta a mi identidad, a mi autoestima, a mi derecho al placer. A vivir tranquila, vaya. (La homofobia no es increíble, eldiario.es)

Entiendo que no todo el mundo sea capaz de apreciar la sinceridad y la terrible realidad que describen estas palabras, pero los que hemos vivido todas y cada una de esas situaciones podemos asegurar que responden a nuestro día a día. Tanto es así, que hoy mismo mi querido amigo Juan Pérez me ha pasado un enlace con el siguiente titular: “El fútbol femenino italiano estalla contra un directivo que habla de darle dinero a «cuatro lesbianas»”. Por suerte, otra grandísima estrella de nuestro deporte, Federica Pellegrini, se ha encargado de cerrar la boca a dicho señor: “Es deprimente tener que seguir escuchando estas cosas. Lo que debería medirse son los logros de alguien, y no de quien se enamora. Un hombre, una mujer, dos hombres, dos mujeres...Es amor. Tuvimos que vencer muchos prejuicios, incluso yo durante mi carrera. Homofobia y sexismo siguen estando a la orden del día en el deporte”. ¡Vaya! Parece que no soy yo el único que lo piensa.


APOYO PARA TODAS AQUELLAS PERSONAS QUE SIGUEN EN LA LUCHA :

Aun así, no me gustaría que alguien abandonase ahora la lectura, cuando queda lo mejor y lo que más ganas tenía de escribir. Efectivamente, he dicho que hacía este esfuerzo por los que venían detrás de mí. Por los que tendrán la suerte, aunque no lo puedan apreciar todavía, de haber leído algo con lo que se hayan podido sentir plenamente identificados. He denunciado una situación que todos debemos luchar por mejorar, pero no voy a claudicar ni a cerrar estas páginas sin haber lanzado un grito de orgullo, alegría y esperanza.

Me gustaría decirles a aquellos que están leyendo esto –y miran el gotelé de su techo por las noches, como yo miraba el mío– que estén tranquilos. Ya no estamos en los tiempos de Greg Louganis, el saltador que tuvo el drama doble de tener que anunciar que era homosexual y seropositivo (otro sambenito y discriminación con el que cargamos los homosexuales desde los ochenta). No. Esos tiempos ya acabaron. Por eso, y porque creo firmemente en que a partir de ahora todo irá a mejor, quiero transmitiros el siguiente mensaje: vais a ser enormemente felices si tenéis la valentía de luchar por conseguirlo. Yo he sido muy feliz nadando y compitiendo al máximo nivel, pero, sin duda, la vida es más grande, muchísimo más grande que la natación, y eso no debéis olvidarlo nunca. Me gustaría también convenceros de que en el noventa por ciento de los casos la gente os va a aceptar y a querer como sois, y será entonces cuando os deis cuenta de que tenéis mejores amigos de los que jamás imaginaríais. Que vuestros padres al principio estarán sorprendidos, pero que serán los primeros que invitarán a vuestra pareja a cenar en casa. Que por lo general, y salvo casos aislados como los que aquí denunciamos, nadie os va a insultar ni a meterse con vosotros. Tened en cuenta que en un alto porcentaje de los casos la gente de vuestro alrededor puede suponer vuestra orientación sexual. El hecho de que la confirméis o no, no cambiará nada a peor, sino al contrario: valorarán la muestra de confianza que habéis depositado en ellos y seréis mejores compañeros que nunca. Que quizá el primer día haya un susurro por la piscina, pero que si sois felices la gente se aburrirá rápido de hablar de vosotros. Y que, sobre todo, me gustaría deciros que la peor homofobia es la que nos imponemos nosotros mismos: que no os consideréis menos que nadie, porque no lo sois. Que nunca intentéis esconder si sois amanerados u os gusta poneros faldas o pantalones, o pintaros o dejar de hacerlo, o si tenéis un tono de voz más grave o más agudo. Que tras mi experiencia os puedo asegurar que solo si sois naturales la gente estará a vuestro lado y os apoyará hasta el final. O incluso más allá del final: hasta donde nunca hubierais pensado que os iban a acompañar.

MENSAJE FINAL DEL AUTOR :

Por último, hago mías unas palabras que me escribieron hace un tiempo y que me gustaría compartir con vosotros, por lo que para mí supusieron y por lo que creo que os pueden ayudar:


Vete a tu ritmo. No te dejes presionar por la masa, ni por los clichés, porque tú no eres masa. Estoy convencido de que vivirás intensamente el amor con alguien tan maravilloso como tú en todos los sentidos (¡ah!, ¡y tendrás niños –unos 4, creo, familia numerosa, como los del Opus– ¡y les enseñarás a nadar, a tirarse de cabeza y a leer! Goza imaginando ese sueño). Ayer, lógico, te vi muy triste. Ya no te quiero ver más triste por nada del mundo. Tu sufrimiento, Fabio, es también el mío, como tus alegrías son y serán siempre mías. Julián Marías escribió en sus memorias (Una vida presente) sobre la alegría en la juventud: 


"Los jóvenes tienen, no el derecho, sino el deber de la alegría; porque la vida, aun la más lograda y feliz, encierra tal suma de dolor y tristeza, que no se la puede vivir con dignidad y decencia si no se ha acumulado una alta dosis de alegría cuando es posible, sobre todo en la juventud. Pocos delitos me parecen tan repugnantes como intentar despojar a los jóvenes de su alegría cuando pueden conseguirla."


Y con estas palabras me gustaría acabar, animándoos a que siempre, siempre luchéis por vuestra felicidad, y a que no permitáis que nadie os despoje de la alegría y la ilusión. Adelante, ¡Adelante siempre!


DATOS SOBRE EL AUTOR :

Fabio Zamarreño Méndez, madrileño de 23 años, fue una firme promesa de la natación española. Campeón de España en casi todas las categorías, llegó a establecer varias mejores marcas nacionales por edades. Nadador del Moscardó, entrenó en la Blume media temporada mientras cursaba 2º de Bachiller. Los años anteriores, desde 1º de la ESO, estuvo en el programa de Tecnificación de la federación madrileña. Es licenciado en Filología Hispánica y está estudiando un máster de Literatura.

Fotografía: Joseba Serrano
Fotografía: Joseba Serrano
Fotografia: Joseba Serrano
Fotografia: Joseba Serrano
 Fotografía: Facebook de Fabio
Fotografía: Facebook de Fabio


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Comentarios: 5
  • #1

    Josefa (viernes, 22 mayo 2015 13:00)

    He tenido el placer de conocerle desde pequeñito, como nadador y como compañero de equipo tengo que decir que efectivamente todos intuíamos su orientación sexual, y en ningún momento significó nada. Yo como madre de nadador del CN Madrid Moscardó, al cual pertenecía, siempre me pareció una persona muy respetuosa, amable, amigo de sus amigos y un compañero mas de mi hija. En ningún momento su orientación sexual fue comentada ni en el club, ni entre sus compañeros y tengo que decir que la declaración que hace en este artículo no debería de ser necesaria pues de quien estamos hablado es de un gran nadador y mejor persona y deberíamos de quitar ya este tabú, pues si eres heterosexual no haces una declaración de tu orientación sexual, a nadie le importa. Señores estamos en el siglo XXI vamos a juzgar a la gente por su personalidad y logros y no por su orientación sexual.
    Mucha suerte en tu vida Fabio y besito para tus padres.
    Pepi

  • #2

    roberto (viernes, 22 mayo 2015 13:13)

    Lo primero felicitarte por tu valentía y por lo que esto supone para mucha gente. En segundo lugar como dice Josefa, este artículo no debería ser necesario en pleno siglo XXI, pero por desgracia lo es. Por ello mi más sincero reconocimiento, reflejo de lo gran persona que eres y todos los calificativos que la gente puede respaldar, salen artículos de crítica como este. Estas ayudando a renovar la natación española en cada uno de tus artículos. Eres todo un referente! Muchas gracias Fabio! Y enhorabuena a Swim4live.

  • #3

    Mónica (viernes, 22 mayo 2015 15:42)

    Enhorabuena por el escrito!! Es una pena que sea tan necesario en estos tiempos y el ambiente deportivo del que venimos.
    Muchas gracias por hacer visible una situación que debería estar más que normalizada, una pena que todavía no lo esté.
    Ojalá que con nuestra actitud y nuestros ideales podamos poner nuestro granito de arena en los círculos en los que tenemos

  • #4

    Mónica (viernes, 22 mayo 2015 15:43)

    *en los círculos a los que tenemos acceso cada uno.
    Te deseo muchos éxitos en todo lo que emprendas en la vida! Un saludo!

  • #5

    kike (viernes, 22 mayo 2015 22:58)

    Valiente, único, auténtico, humilde, sincero, real, llano, bueno.. estas líneas se quedan cortas para definirte y para definir lo que significas para toda la natación nacional y en particular para este colectivo que te agradece enormemente tus palabras. Eres una persona digna de admirar. Este artículo debería leerse hasta en el club más pequeño de nuestra geografía, para inculcar unos valores que aún hoy no tiene todo el mundo dentro del sector acuático. Disfruta del reconocimiento porque te lo has ganado!